Relaciones homosexuales: ¿Quién es el hombre y quién la mujer?

by Alfredo on 17/11/2008

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(www.alfredocarrion.com) Hace unas semanas, viendo una escena de la película “Os declaro marido y marido” recordé aquel antiguo tópico según el cual en una pareja del mismo sexo uno de los individuos ha de ser el pasivo y otro, el activo. Sólo en la tele y en el cine, cuántas veces habremos escuchado eso de: ¿Quién es el hombre y quién la mujer? O, peor aún: ¿Quién recibe y quién da?

Como si fuéramos a preguntarle al Pepe: “Oye, ¿te gusta que la Juani te meta el dedo en el culo?”. Lo que hay que oír.

Pero hay más lana tejida alrededor de este cliché. En la mente popular aquel que hace de activo (léase hombre) suele ser el más varonil de la relación, el más masculino y, si hablamos de una relación lésbica, la machona.

De la misma forma, quien hace de pasivo es más femenino y delicado. Si es lesbiana, es la normal y si es un hombre gay, el marica de la relación.

El individuo activo penetra (con el pene o con lo que tenga a mano); mientras que el individuo pasivo es penetrado. Luego están los renegados: los versátiles (en España) o modernos (en Latinoamérica): el granito de arena de algunos miembros de la comunidad gay para adornar más el estereotipo de la sexualidad LGTB. O, como aduce alguno: “Para hacernos entender en los anuncios de contactos”.

Y yo me pregunto: ¿por qué tenemos que asumir un rol? Estamos intentando tener una relación, no jugando a Calabozos y Dragones.

Sin embargo, pienso que toda esta simplificación es normal y casi excusable. Por una parte, a la gente no le gusta pensar mucho, ¿verdad? No es necesario que contesten. Es más fácil imaginar a una pareja como si de una tuerca y un tornillo se tratasen. ¿Para qué ahondar en la erogeneidad de las distintas partes del cuerpo humano o en la posibilidad del sexo sin penetración? ¿O es que también vamos a decir que hay más posturas después de la del misionero?

Por otra parte, a la gente le gusta catalogar. Vamos, que le encanta catalogar. Si no lo creen, vean el éxito de las revistas de Ikea. Catalogar crea un orden y el orden crea paz. Un activo aquí y su pasivo al lado. Una tuerca aquí y su tornillo por aquí. Ni vean lo que sufre la gente cuando les explican la teoría cuántica: ‘¡¿Qué dices, chacho?! ¿Que este átomo y este otro son lo mismo?! Ñooo!’. Si estuviéramos en Estados Unidos, alguien fijo que sacaría la escopeta de perdigones.

Hace poco alguien preguntó sobre estos estereotipos en una página de preguntas y respuestas. Lo hizo en la sección LGTB, cuyos usuarios respondieron con absoluta sinceridad. Dieciséis personas negaron el tópico y cuatro le dieron la razón. Casi todos desde su experiencia personal junto a sus parejas.

Creo unirme a la mayoría de homosexuales, lesbianas y bisexuales cuando afirmo que en una relación entre personas del mismo sexo hay o dos hombres o dos mujeres. Las apariencias engañan: hay gays muy masculinos (léase sin pluma) que disfrutan siendo penetrados. También hay gays muy femeninos (léase con pluma) que odian que les toquen ahí detrás. Y también (atentos a ésta), también hay parejas homosexuales que disfrutan de una vida sexual intensa sin que haya penetraciones de por medio. ¿Tengo o no tengo razón?

Y no digo que renieguen de lo que les gusta hacer más en la cama (o en la mesa de la cocina, o en los baños del instituto). Si eres el tío cachas que disfruta siendo penetrado, estupendo y más que estupendo que lo sepas. Hay setentones que aún no tienen manera de saber si les gusta por detrás o no. No tienes que renunciar a lo que te gusta por ir en contra del establishment. Como se leía en el Templo de Apolo en Delfos: conócete a ti mismo. Los demás, que se vayan a tomar por culo (literalmente; a ver si también se conocen a sí mismos de una vez).

Lo único que quiero que recuerden de este artículo es: bueno, ya lo he dicho. Y además esto: dejad de buscar cuál es el hombre y cuál la mujer, porque si un chico gay catalogable como un sin plumas quisiera estar con una mujer, saldría con una mujer.

Como dijo un amigo sobre las curvas de su novia: “No me gustan las mujeres demasiado delgadas. Si quisiera casarme con una mujer que pareciera un niño de 10 años, saldría con niños de 10 años”.

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Lee también: La mejor defensa del matrimonio gay, realizada por un heterosexual; Vergüenza y culpabilidad por ser homosexual.
Para saber más:Who’s the man and who’s the woman?’ Same-sex couples in Queensland ‘doing’ gender and domestic labour

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Gléz-Serna Enero 19, 2010 a las 22:00

Llevas mucha razón en este artículo. Hay personas que se sienten obligadas a catalogar tus relaciones de una forma u otra…xD

Un saludo

alejandro Abril 13, 2010 a las 15:17

soy gay y no me molesta que me identifiquen como pasivo o el marica de la relacion que se deja penetrar, de todas maneras me gusta tu blog

Alfredo Abril 13, 2010 a las 16:21

Y no tienes ningún motivo para que te moleste. Aunque no estoy del todo convencido de que debas seguir llamándote “el marica de la relación” (un “soy pasivo” dejará tu autoestima bien en alto).

Me alegra que te guste el blog :-) Recuerda que los chicos pasivos son de oro para nosotros, los chicos activos.

Un beso enorme!

Joy Mayo 12, 2010 a las 21:34

Bueno soy de la idea que no importa si es de Marte o es de Venus, siempre y cuando ambos lo vivan y disfruten al máximo obviamente con su debida precaución.
Buen blog, muy interesante
JOY

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