
Soy un hombre homosexual, y no hay nada malo en ello…
(www.alfredocarrion.com) Esta frase es el mantra que debería ser repetido hasta el cansancio, ya que es una verdad. Ser homosexual en nuestros días ya no es un desafío: hoy gozamos de la aceptación de la sociedad, tenemos independencia y hasta quizás estemos un poco de moda… y eso a veces puede ser algo extraño, pero con el tiempo será algo excepcional, que nos permitirá dejar de sentirnos diferentes.
Crecimos en una sociedad que nos decía que la homosexualidad era algo malo, que ser gay era sinónimo de enfermedades y todo tipo de creencias erróneas. Tú y yo somos gays, y sabemos lo equivocadas que están todas esas frases, ¿verdad? Pues ya es hora de que el resto del mundo también lo sepa.
Eres único, como lo son todos los demás.
Todos somos únicos, especiales, diferentes e iguales a la vez. Comprender esto significa que aceptas que hay otros como tú, y otros distintos de ti. Y en eso se basa la tolerancia: aprender a aceptar que los demás pueden tener una creencia, una idea, un “lo que sea” diferente al nuestro, y reconocer su libertad de hacerlo aún cuando no coincidimos con ellos.
Debes tener en cuenta que eres diferente a otros, no sólo por tu sexualidad: también por tus creencias, ideales políticos, gustos en las comidas, incluso tu raza y color de cabello. Y eso no es algo malo, por el contrario: es lo que te hace ser tú mismo, y es lo que hace que los demás sean ellos.
Modelos a seguir.
Seguro que hay gente de la que podemos aprender algo muy bueno, pero ello no significa que debamos ser “tal y como esa otra persona”.
Hoy la homosexualidad está un poco de moda. Es algo atractivo, aunque lamentablemente también está un poco en boga esa forma de actuar un tanto amanerada: es lo que en la jerga se dice que “vende”. Pues en el cine el amigo gay del protagonista suele ser como cualquiera, pero si la protagonista es mujer… pues de seguro exhibirán una imagen de un hombre afeminado, hasta con tendencias transexuales, ¿verdad?
Pues no te preocupes ni te dejes influenciar, esas son sólo imágenes que se utilizan para marcar puntos absurdos, para crear comedia, incluso para permitir una aceptación del personaje más sencilla por parte de aquellos ajenos a este entorno.
Cada uno tiene su forma de ser y de actuar. Ser afeminado, si es lo que en verdad eres, no es malo: el problema está cuando un hombre gay piensa que debe actuar afeminado para encajar. Debes ser tú mismo, sentirte a gusto en tu propia piel, y actuar como tu corazón así lo dice.
Pero él encaja mejor que yo…
Bueno, pues, bien por él en ese caso: quizás lo hace porque se siente más cómodo en su actuar, pero imitarlo cuando no te nace ser así sólo te traerá problemas, muy lejos de permitirte la aceptación, la integración o incluso la conquista.
Lo ideal es que te conozcas en profundidad, que sepas cuáles son tus virtudes, y que veas cuáles son tus puntos positivos. De todos los que encuentres, centra tu atención en aquellos que reflejan tu identidad y tu forma de ser más claramente, y actúa en consecuencia. Sólo aceptándote a ti mismo te sentirás a gusto, y verás que en cuanto lo hagas, los demás se sentirán atraídos a tu lado.
Cuando te vistes para ir a una fiesta eliges la ropa que mejor te queda: te hace sentir a gusto y, al verte al espejo, te gusta lo que ves. Llegas a la fiesta y eres un imán que atrae a los demás. Pero cuando te vistes con un atuendo que no te queda del todo cómodo, pero que piensas que le gustará más a otros aunque no te hace sentir cómodo (los zapatos te ajustan, esa camisa de moda te aprieta en los costados), llegas a la fiesta y te sientes como si fueras una isla desierta.
¿Que no te sucede a ti? A mí me pasaba todo el tiempo, es por eso elijo vestirme para mí mismo… claro que sigo un poco la moda, ¡quién no! Pero intento estar a gusto. ¿Y sabes qué? Cuando me siento atractivo, soy atractivo para los demás, tanto amigos como conquistas.
Así es como intento vivir mis días: a gusto. Hablo con las palabras que siento mías, actúo con los gestos que nacen de mi corazón, y trato de estar cómodo en mi piel. Seguro que hay personas que no gustan de mí, pero hay otras que sí, y esas son las que me interesa tener a mi lado.
Y soy un hombre feliz… soy un hombre gay, ¡y no hay nada malo en ello!
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2008 (c) Alfredo Carrión Vermiglio
Si eres gay o bisexual y no te sientes del todo cómodo contigo mismo, visita mi sección P+F.
Lee también: Vergüenza y culpabilidad por ser homosexual, Cómo aceptar tu homosexualidad
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no se como empezar pero creo que es necesario entender que si sientes atraccion por tu mismo sexo no debes permancer siempre asi es parte del ser humano el instinto sexual pero hay que saber llevarlo, debemos entender que la pecaminosidad esta en todos, por algo estan las regglas morales y la fe y respeto, yo tengo serios problemas de identidad, siempre lo he tenido, son parte de mi inseguridad, me gusta la ropa masculina mas que la femenina y no me gusta usar maquillaje ç, me asfixia, me gustan las chicas , besarlas y acariciarlas, pero no lo hago no porque me lo reprima sino por que cuando lo haga debo entender que debe ser un acto solo de tocar , de amor y debe ser sincero,no de intercambio de fluidos pues eso es para la reproduccion y supervivencia del ser ser humano, el sexo da placer, es cierto pero debe ir acompañado de amor, ternura y entrega, no solo de carnalidad, pues es ta comprobado que eso nos afectara el espiritu que llevamos dentro, mantener limpia la mente es basico y entender el respeto y amor al projimo tambien para actuar con la inteligencia que nos fue dada.
No estoy de acuerdo contigo, Rosmery. Creo que no hay por qué plantearse cambiar la atracción afectiva o sexual que sentimos hacia otros seres humanos.
No soy un hombre religioso (en el sentido tradicional de la palabra), pero no creo que la “pecaminosidad” esté en todos. Creo que el ser humano es intrínsicamente bueno y que tiene una tendencia innata hacia la autorealización y hacia el amor por otros seres.
Sobre toda la parafernalia alrededor de “la reproducción y supervivencia del ser humano”, creo que ya tenemos más que asegurada nuestra supervivencia.
No hay ninguna razón para pensar en la homosexualidad o la bisexualidad como un “trastorno” sexual que haya que cambiar, sino como una cualidad neutral en la que también está presente la capacidad de sentir afecto y amor hacia personas del mismo sexo.
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