
El diario El País publicó el domingo pasado el reportaje de Luz Sánchez Mellado titulado “La generación sin armario“:
“Son los primeros que no se esconden. Han crecido con referentes y derechos. Salen del armario cada vez más, cada vez antes. Los nuevos gays y lesbianas viven como sienten. No es fácil. Sufren. Pero prefieren plantarle cara al mundo que perderse su juventud.”
Vale la pena leerlo. Me encanta cómo ha ido cambiando poco a poco la percepción de la sociedad (gays y lesbianas incluidos) respecto a la homosexualidad.
La primera persona con quien hablé de mi bisexualidad fue mi mejor amiga, Cecilia Collantes. Teníamos 16 años y estudiábamos en un colegio religioso. Tiempo después se lo conté a otros dos buenos amigos: David y David. Tardé horas en saber explicarme. El final de nuestra conversación fue algo así como:
(Varios minutos de discurso después)
- … Y por eso quería decirles que me gustan las chicas y los chicos.
- Ah, ya lo sabíamos. ¿Podemos ir a comer algo?
- Sí, tengo hambre.
No fue tan terrible como pensé que sería. No perdí ningún amigo, ni hubieron grandes tragedias.
Hoy en día no lo oculto, pero tampoco voy presentándome como: “Hola, me llamo Alfredo y soy bi“. No es mi estilo. Como suelo decir, no se trata de sentirse orgulloso de ser gay. Se trata de ser quien eres.
Lean el artículo y dejen sus comentarios. Y, por supuesto, consideren salir del armario.
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2008 (c) Alfredo Carrión Vermiglio
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